A quién lo regalaría?
A alguien que ya tiene los dos primeros de la saga Empíreo en la estantería. Pero también a esa persona de tu vida que dice que no lee, que no tiene tiempo, que los libros le aburren... y que luego se pasa el fin de semana con el móvil en el sofá. Porque este tipo de libros tienen algo que los hace difíciles de soltar.
De qué va?
La guerra ya no es un rumor en Basgiath. Violet Sorrengail, la chica que sobrevivió cuando nadie apostaba por ella, ahora se enfrenta a enemigos que se mueven por dentro y por fuera de Navarre al mismo tiempo. Con su dragón, sus aliados y más giros de trama de los que puedes anticipar, el tercer libro de la saga Empíreo sube la apuesta con más acción, más magia y más tensión romántica que los anteriores.
Por qué me parece un buen regalo?
Porque Yarros ha construido algo difícil de encontrar: una saga donde la gente no abandona. Los dos primeros libros enganchan de una manera casi injusta, y este tercero aprovecha esa inercia para ampliar el mundo, complicar las relaciones y dejar al lector con las ganas justas de que salga el siguiente. No estamos ante literatura seria, y no tiene que serlo. Estamos ante entretenimiento de primera categoría.
Y eso, para un regalo, vale oro. No hay nada peor que regalar un libro que se queda en la mesilla sin abrir. Con Alas de ónix el riesgo es el contrario: que quien lo recibe te pida los dos anteriores para el próximo cumpleaños.
En el contexto de la obra de Yarros, este tercer volumen es donde la autora empieza a soltar el freno. El mundo se expande, los personajes se vuelven más complejos y la trama deja de ser solo un romance con dragones de fondo para convertirse en algo con más capas. No es perfecto, pero no necesita serlo para cumplir su función.

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