
A quién lo regalaría?
A alguien que devora novelas de un tirón y luego se queda mirando el techo pensando "¿pero cómo no lo vi venir?". Es perfecto para la persona que ya se leyó Gone Girl y necesita otro thriller que le revuelva el estómago. También funciona de maravilla con lectoras que disfrutan de las historias donde las protagonistas son todo menos perfectas, y donde la realidad tiene más capas de las que parece.
De qué va?
Rachel toma el mismo tren cada mañana y pasa por delante de una casa donde vive una pareja que, desde fuera, parece perfecta. Rachel los bautiza con nombres imaginados y se inventa su vida ideal, porque la suya está hecha trizas: divorciada, alcohólica, y fingiendo que sigue teniendo trabajo. Un día ve algo que no debería desde la ventana del tren. Y entonces la mujer de la casa desaparece. Lo que parecía un cotilleo de viaje se convierte en una obsesión que arrastra a Rachel al centro mismo de la investigación, aunque nadie la cree, ni siquiera ella misma.
Por qué me parece un buen regalo?
Porque Hawkins hace algo que pocos autores hacen bien: te mete en la cabeza de una mujer que está rota de verdad. Rachel no es una heroína simpática. Bebe demasiado, miente, no recuerda lo que hizo la noche anterior, y toma decisiones que te van a poner de los nervios. Y aun así no puedes parar de leerla. Esa incomodidad que sientes es exactamente el punto.
La novela tiene tres voces narradoras —Rachel, Megan y Anna— y las tres mienten, cada una a su manera. Hawkins las maneja con una precisión quirúrgica: cada capítulo te da una pieza del puzzle que encaja, pero que también tuerce lo que creías saber. Es el tipo de libro donde subrayar pistas tiene trampa porque las pistas falsas están igual de bien construidas que las reales.
En el contexto de la obra de Hawkins, este fue su gran salto: antes escribía novelas románticas bajo seudónimo, y La chica del tren fue su primera incursión seria en el thriller psicológico. Debutó arrasando —semanas en lo más alto de las listas en medio mundo— y desde entonces sus novelas siguientes, como Into the Water o A Slow Fire Burning, han seguido explorando ese mismo territorio oscuro de relaciones destruidas y secretos domésticos. Si este te engancha, hay más.
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